enero 06, 2014

Fértil Rojo...Estruendos Y Copal (Escrito)

Se temía el día, al menos los sabios así contemplaban a la profecía del retorno ancestral.
Extraños pisan la tierra verde y fresca, destruyen sin explicar, corrompen una idea milenaria sin importar la costumbre de los pueblos ya asentados desde ciclos antiguos. Dicen ser buenos, dicen tener alguien poderoso que los protege y guía, escuchan a un solo hombre que para ellos es sabio y para las masas es por completo desconocido.
Sin querer entender razón alguna, explicación como tal, imponen algo que para ellos es correcto; quizá se tenga verdad de ello, pero cala un horror en la mente ver creencias derrumbadas por el suelo en que se nace y crece; es un golpe al corazón ennoblecido con costumbres. Arrodillándose frente a un objeto inerte afirman aquellos extraños que a través de ello, dedicando unas palabras varias veces al día, como un ritual no tan diferente del nuestro, se obtienen cosas maravillosas, mucho mas vitales de las que nosotros tenemos y podemos entender.
Todos contemplan sus acciones, los toman como locos y ellos a su vez igual con la gente. Visten de peculiar forma, con corazas duras y metálicas, como aquel que teme ser herido y morir, como aquel que no es consciente del ciclo de la vida, como aquel que no ve la luz del sol y entiende que esta vivo. Montan criaturas metafísicas, al principio parecían que eran ambos la misma bestia; dos corazones en un cuerpo, como la mente dividida en humana y animal, por eso eran dioses, por eso se les temía...aunque no todos conocían el rito, la leyenda, y temían a bestias que mataban con estruendos como los del rayo o el volcán furioso. La gente se defendía, ni aunque fuesen los creadores cederían sus tierras ni sus vidas, aun si el horizonte se apagaba y los abandonaba a su suerte en el canto de la noche.
Se venían de manera sagaz y abrumadora contra los pueblos, algunos forjaban alianza; valioso pacto que después se transformo en el horror y la caída de los poderosos. No existía una salida ni presagio bueno para los gobernantes, ya había muchos enemigos trazados en el camino que preferían caer en otro yugo y no en el mismo.
Con mentiras que se fueron desvaneciendo, con alianzas en contra de los tiranos, con el mismo miedo de lo desconocido ya se contemplaba una destrucción, ya se venia la derrota de una forma tormentosa que parecía el peor de los castigos humanos. La ciudad principal cedió, por un indeciso creyente, sin saber lo que creía, su imperio cayo, sin saber quizá lo que hacia, su pueblo se redujo a la nada, a ser llamados mas que unos bárbaros y utilizados para beneficios de aquellos extraños cuya enfermedad era los metales que desechaban sin importancia las deidades (disfrutaban de aquel tributo de excrementos brillantes), mientras los enemigos aliados se mofaban sin saber que les pasaría lo mismo o algo peor.
Forzosos trabajos bajo el cielo del águila que asciende, que incluso tenían sus antecedentes desde el primer avistamiento de la gente de procedencia lejana y desconocida, las guerras que les hicieron frente con bravura tiñeron de rojo la tierra seca, erosionada con el fuego del fin, con la llama de la muerte y el viento hostil del silencio. La cruenta parcela ahora se guarda aquellos secretos que son difíciles de contar, no porque sean complejos de recordar, sino por que es imposible describir como entre liquido rojo, alaridos, cuerpos sin vida, avaricia y decadencia humana, se forjo el fin de todo.

Ahora estas son solo palabras que aquellos que encuentren pensaran y repensaran las cosas del pasado, y entenderán que uno de ambos bandos tenia que ganar. Uno de los dos se alzaría victorioso, uno de ellos afrontaría un cambio o moriría en el intento. Hombres de época lejana y belicosa con ideología medieval alzaron la victoria, aunque ya habían sucumbido ante la derrota espiritual al ser conquistados por aquel esplendor ajeno y tener que destruir todo lo que les había maravillado en un principio; todo lo que querían era seguir la huella de las riquezas materiales y reputación efímera, poseían otras miras e ideologías, sacrificaron la fuerza de su corazón y continuaron su necesaria conquista.
El silencio ahora opaca ambas partes, a unos por tiranos y a otros por sumisos, y la verdad de la tierra es que ni españoles ni tampoco indígenas eran de esta manera. Ambos se defendieron y lucharon sin tregua, los dos cayeron en ignorancia y sucumbieron ante lo desconocido.
Hoy las memorias guardan la voz en testimonios antiguos llenos de polvo y confusión y la tierra vuelve a ser fértil pero con un tono distinto, siempre con olor de antaño...con una inexplicable esencia de imágenes entre el humo de copal mítico y estruendos de pólvora que devoran el tiempo entre recuerdos.

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