enero 26, 2014

SOLILOQUIM: "Un paso mas a la tragedia..."


De vez en vez suelo pensar en aquella mala característica que hace temblar hasta al ser consciente mas valiente: la muerte. ¿Que es ésta palabra sino aquella que denomina el desvanecimiento de la existencia?
Todos aborrecen y niegan aquella inexistencia; como si por arte de magia todo fuera un mundo de maravillas e inmortalidades, así como el mundo de la literatura al que tanto optamos por hacernos disuadir lo que estamos destinados a llegar, inevitablemente, a un final.
¿Que pasa con aquellos que no tememos? Aquellos que solo conocemos poco de la mortalidad y menos de la vida misma...solo nos sentamos en un estado letárgico aparente. Como si estuviésemos enfermos de realidad.
Otro día mas pasa y me siento de nuevo frente a un conflicto; este debate entre los pensamientos ocasionales y aquella ventana que perturba mi presente con la agotadora sociedad.
Otra vez el astro solar se levanta impetuoso sobre el cielo, y mi cabeza, llena de sensaciones ajenas, comienzan a surtir efecto.
Las salidas a caminar se convierten en melodías comunes; el inhalar se transforma en versos de fuego que queman la respiración al traspasar el delicado flujo de ideas soñadoras que se consumen en plena caída de deseos y ánimos. La vida comienza a amargar el ambiente inactivo de los alrededores.
En aquellos andares, cuando ya nada cruza por mi mente, levanto la mirada y veo los colores matizados con un tono que se vuelve sepia en mi alma. No llegan a caer en el blanco, gris y negro...no, los colores se resisten a caer en aquella pretensión de muerte ligera. Se resisten a ser olvidados en el existir diario...apenas se notan en ese tono café, apenas sobresalen unas pequeñas gotas de color alegre.
Paso a paso la agonía se convierte en tragedia, pero no para mi, no para mi alma ni mi paso por el sendero olvidado de un viejo paraje en el bosque, sino para aquellas ideas que gozan del sufrir innecesario. Es decir, antes aquellos pesares caían seducidos ante la idea de desaparecer, y en cada paso silencioso se crea una armonía entre estos y una sensación que los poetas describirían como "Elegía Diurna", un lamento matutino para cuestionar la fatalidad.
¡Ya esta!, se han convertido en versos mis agonías, la muerte sigue flotando en mi cabeza, sigue rondando pero no me atemoriza, le canto prosas para que bese mi existencia y sepa que estoy lista para su llegada.
El silencio se ha roto, la melodía se convierte en canción; los colores vuelven cual primavera naciente, aunque la estación sea invierno y mi corazón tenga raíces en el otoño, tan cerca del verano pleno que radica en el alma.
Regreso de nuevo, aquella silla y ventana habían estado esperando mi retorno ; la noche ya ha caído y es mejor que llegue para contarle a la luna risueña aquellas nuevas ideas sobre la muerte y la tragedia.