agosto 14, 2014

La Ruta Del Norte: I - El Fuego Sigue Ardiendo...(Parte: 1/3)


-LEGADO: "EINER...El Guerrero".-
La antigua Escandinavia solía distinguirse por la variedad de tribus asentadas en los pequeños puertos, entre esta mínima sociedad existían grupos complejos que tenían el papel de defender a la población de las diversas perturbaciones que existían con otros pueblos, esta pequeña élite eran los llamados vikingos.

Las guerras, las enfermedades y el abandono por falta de alimento había azotado a la pequeña población de Rovaniemi, hasta dejarla casi cual sitio fantasma. Algunos que eran padres habían ido a la guerra con una tribu sureña junto con sus hijos e hijas mayores y, a pesar de lograrla detener, muchos habían muerto en batalla y algunos en la aldea por heridas. Al mismo tiempo, muchos niños y aldeanos habían fallecido por enfermedades.
Este pueblo pesquero se caracterizaba sobre todo por tener a un heroico líder cuyas sagas se habían distinguido dentro de su linaje, el formidable Hólmgeir, conocido también como "jefe"; maestro de las armas y sabio guerrero como su padre Yves ("el cazador"). Hólmgeir pertenecía a una de estas élites, ahora, siendo el líder del pueblo, era su deber entrenar a las siguientes generaciones de guerreros.
Por los problemas surgidos que habían reducido el numero de personas en Rovaniemi, existían pocas esperanzas de que se desarrollara un gran numero de guerreros. Entre los sobrevivientes elegidos para ser parte de los entrenamientos se encontraban por supuesto los hijos del "jefe": Svante, Astrid, Lena y el pequeño Einer.
Cada uno con sus habilidades, Svante (chico joven y ágil) manejaba a la perfección el hacha, Astrid (la hija mayor) dominaba el arco al igual que su hermana Lena, y, finalmente Einer, cuya fortaleza era la lanza y que sin embargo entrenaba arduamente para manejar la espada como su padre.
Después de los años obscuros que había pasado el pueblo, poco a poco se fue reponiendo y florecía en armonía. Las enfermedades se redujeron al igual que las guerras, estas ultimas debido a un acuerdo entre los pueblos. En ese lapso habían pasado ocho años, y los hijos de Hólmgeir habían crecido.
No era de sorprenderse que cada uno sobresalía en las armas. En general ellos ayudaban a las labores del pueblo y convivían como una gran familia con los aldeanos, excepto de ves en cuando por Einer, quien prefería aislarse en el bosque o bien solía visitar la tumba de su madre quien había muerto en una invasión.
No se podía negar la tranquilidad, tal parecía que los dioses habían reservado años de gloria a Rovaniemi. Entre las celebraciones que hacían se encontraba la principal, la llamada fiesta "Fuego del Sur", cuyo festejo se debía al pacto de paz que habían hecho con los pueblos. Una gran hoguera, cuatro días de festín e hidromiel y por supuesto danzas y música, era lo que se podía encontrar en esta celebración, la cual daba inicio en el solsticio de invierno. Se estaban a punto de cumplir nueve años del pacto, pero hubo algo con lo que no contaban...existen otros dioses humanos que codiciaban el norte.
La llama comenzó a arder los primeros dos días, la gente se divertía, tanta era su ceguera por la luz de paz que no vieron llegar unas extrañas embarcaciones por el lado Este del puerto. Cual ráfaga los forasteros salieron de sus navíos y atacaron en plena noche. Un grito tajado por el sonido de la sangre saliendo de la garganta corto de lleno el ambiente y comenzó la batalla.
Svante tomo su arma y lucho ferozmente, Astrid y Lena, de lejos, lanzaban flechas tan rápidas como el viento, mientras su padre junto con su gran amigo Jostein, cortaban a sus enemigos con maestría. Einer quería luchar junto a su padre, pero este lo tomo y oculto advirtiéndole que no saliera.
Cada vez eran más, el numero de enemigos crecía y el de los aldeanos y guerreros se reducía.  En plena lucha Hólmgeir se dio cuenta que no triunfarían, y, con un grito casi sin aliento a Jostein, mando reunir a sus hijos en la tumba de su madre mientras iba por Einer.
Agotados y cansados los cuatro llegaron hasta la pequeña cima donde se podía contemplar la aldea siendo consumida por el fuego en un extraño trance de tiempo.
Finalmente llego Hólmgeir con Einer, las ordenes inmediatas fueron que escaparan:
- Jostein y yo nos quedaremos a defender y ayudar a escapar a las personas que están escondidas, ustedes deben de huir por la ruta del valle - decía su padre mientras les entregaba una pequeña bolsa con oro-.
Svante y Lena no querían rendirse, ellos preferian luchar al lado de su padre, pero este se rehusó a que lo hicieran.
Finalmente Hólmgeir, antes de regresar al pueblo tomo el hacha que cargaba y entrego en una funda de piel a Einer su espada, luego de ello se marcho deprisa.
La luna comenzó a rotar por el cielo, los chicos se encontraban un poco lejos de su hogar cuando Svante, sin importarle lo que le había dicho su padre, regreso a la aldea dejando a sus hermanas y hermano. Einer también quería regresar pero Astrid no se lo permitió, y devastados continuaron su camino. El olor y las cenizas aun se esparcían por el cielo.
Después de unas horas de caminar por el bosque del valle, entre el frió y los desánimos, vieron que la noche se escapaba poco a poco, la luz del escaso sol comenzaba a presentarse ante ellos.
Con los primeros rayos decidieron descansar un poco cerca de la orilla del lago Ruokolampi, el cual ya habían alcanzado. 
Entre la fogata que hicieron y el silencio, los tres solo tenían en mente aquellas imágenes de fuego, alaridos y sangre.
Einer abrazaba la espada con fuerza, luego de un momento decidió sacarla. Era una hermosa espada de color plata con una empuñadura de piel que culminaba con una ornamenta de dragón. Tal parece que su padre no la utilizo en la batalla; en su centro y a lo largo se podía leer la leyenda: "La ambición y la venganza siempre están hambrientas".
Bajo aquella soledad comprendió que había de forjarse como guerrero, pues el mundo tendría más de un golpe para él y ese solo era el comienzo de su legado.

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